Sunday, April 28, 2013

Tras el temporal, la indefensión


Miércoles 11 de abril de 2012 | Publicado en edición impresa
Editorial II

Las graves consecuencias de la última tormenta desnudaron la vulnerabilidad de amplias zonas de la Capital y el conurbano

Cada día que pasa, desde la feroz tormenta que hace una semana azotó a zonas de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano, queda más expuesta la vulnerabilidad de la ciudadanía frente a la ineficiencia, cuando no ausencia, del Estado.
El hecho de que a tantos días del temporal haya más de setenta mil alumnos sin clases, ciento veinte mil personas sin luz y, en muchos casos, consecuentemente sin agua, y centenares de calles obstaculizadas por árboles y postes de electricidad que derribó la tormenta, demuestran no sólo que el Estado no estaba preparado para un fenómeno que el cambio climático viene anunciando desde hace tiempo, sino que tampoco estaba en condiciones de hacer frente a la emergencia.
Ello explica que las penurias de los damnificados se acrecienten en lugar de reducirse con el pasar de los días y la gran cantidad de zonas afectadas que están aún tal como las dejó la tormenta, como si ninguna autoridad hubiera pasado por ellas. A esto habrá que agregar que pronósticos meteorológicos de largo alcance prenuncian que estos fenómenos no serán casos aislados.
Como ocurrió con la reciente tragedia de Once, la tormenta también desnudó los gruesos errores de las políticas de servicios públicos que llevó adelante el gobierno nacional a través del Ministerio de Planificación, que conduce Julio De Vido, y que ya se vio de manera lamentable en el transporte.
El fracaso de una política energética que desalentó la inversión, que subsidió el consumo y que demanda enormes capitales para la importación de combustibles que permitan la generación de electricidad también quedó expuesta ahora, cuando las distribuidoras -Edenor, Edesur y Edelap- reaccionan como pueden a la hora de tener que reponer las instalaciones dañadas.
Los anuncios de que en algunos sectores no habrá electricidad por alrededor de diez días más constituyen una evidencia irrefutable del fracaso de las políticas de servicios públicos instrumentadas durante los últimos diez años de administraciones kirchneristas.
Con el temporal también quedó claro que la Presidenta no se siente cómoda cuando de mitigar el dolor ajeno se trata y, como lo hizo recientemente ante la tragedia de Once, su primera reacción la llevó a tomar distancia de los hechos, como si con ello buscara evitar ser salpicada por ellos o ser blanco de la ira de los damnificados. Lo mismo había hecho Néstor Kirchner cuando se incendió Cromagnón.
Cinco días pasaron para que funcionarios de los más cercanos a la Presidenta: su cuñada y ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y el propio De Vido, dieran la cara para referirse al temporal. Sin embargo, también aprovecharon la ocasión para criticar a Mauricio Macri, exhibiendo el peor costado de la política, más allá de que también el gobierno porteño estuvo inexplicablemente ausente y hasta con altos funcionarios que no suspendieron su descanso de Semana Santa.
También muchos intendentes mostraron la fragilidad de sus administraciones frente a la tragedia, pues si bien no se cansaron de reclamar a las empresas la restitución de los servicios, fueron incapaces de llevar adelante las tareas más elementales. De allí los permanentes reclamos de ayuda de sus vecinos por cuanto medio tuvieron a mano.
Cuando se advierte que, una semana después del temporal, algunos municipios todavía no pueden poner en orden sus calles y cementerios y nadie sabe dónde están los ejércitos de beneficiados con planes sociales que suelen pintar y repintar los mismos cordones y las mismas columnas y árboles, los intendentes tendrían que replantearse algunas cosas. Por ejemplo, si no conviene invertir más en infraestructura que en costosos recitales, aunque éstos sean más redituables electoralmente.
Ayer, la Capital y el conurbano cercano fueron escenario de las penurias de miles de personas que siguen sin los servicios más elementales y de numerosos y violentos piquetes. Demasiado como para que los responsables del manejo del Estado sigan envueltos en sus mezquindades y gobernando de espaldas a los problemas concretos y acuciantes de la población.

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