Friday, April 26, 2013

Mensajes antideportivos


Editorial II

Resulta tan lamentable que Humberto Grondona justifique el juego sucio para obtener una victoria como que nadie haya exigido que se rectificara


"Lo único que falta es tener que ganar y, encima, jugar limpio. Prefiero ganar el Mundial y no ganar en el juego limpio. No está bien lo que pasó pero, por lo menos, tienen sangre y eso es bueno", sostuvo Humberto Grondona, hijo del presidente de la AFA, Julio Grondona, y director técnico del seleccionado nacional Sub 17 de fútbol, que participa en el torneo clasificatorio para el mundial de la categoría que se realiza en nuestro país.
La frase, un verdadero canto a ganar como sea, violando todas las reglas del deporte bien entendido y sin preocupación por la integridad física de propios y extraños, resulta imperdonable en cualquier actor del deporte, aun cuando pertenezca al superprofesionalizado fútbol, pero dicha por alguien que conduce a jugadores que están entre los 15 y los 17 años resulta aún más inadmisible.
Grondona se expresó así al referirse al escándalo que sus jugadores protagonizaron la semana anterior con los del seleccionado uruguayo al cabo de un reñido encuentro que finalmente terminó empatado. No tiene sentido detenerse en la discusión, que todavía persiste, respecto de quién encendió la llama que llevó a que jugadores y quienes los dirigen intercambiaran todo tipo de golpes e improperios y que, a posteriori, las agresiones continuaran por las redes sociales. Lo que importa es la escala de valores que tiene el conductor del equipo argentino y que, pasado el momento de furia, no haya rectificado sus dichos.
Frente al exabrupto de su empleado y ante el hecho de que éste no prohibiera a sus jugadores continuar la reyerta vía Twitter, la Asociación del Fútbol Argentino se llamó a silencio. Y lo propio hizo el mundo del fútbol, en el que sólo se escuchó una crítica del técnico Ángel Cappa hacia su colega.
Al observar la serie de fracasos que hilvanó durante su carrera como técnico, es razonable inferir que Humberto Grondona llegó al cargo que hoy ocupa por ser el hijo del mandamás del fútbol argentino.
Humberto Grondona debería mirarse en el espejo de José Pekerman, quien durante años de trabajo con seleccionados juveniles tuvo la buena conducta como prioridad, lo cual no impidió que sus equipos levantaran toda clase de trofeos, incluidos varios de juego limpio y caballerosidad.
Cualquier institución medianamente seria hubiese hecho dos cosas frente a un comportamiento como el de Humberto Grondona: pedir su renuncia y modificar el bárbaro mensaje que éste dejó a sus adolescentes jugadores. De la AFA de don Julio, en la que todo pasa, sólo cabía esperar lo que ocurrió: el silencio cómplice, la indiferencia cobarde.
Desde estas columnas hacemos votos entonces, para que sean las propias familias de los jóvenes jugadores las que asuman la responsabilidad de hacerles saber que el campeonato del fair play es muy importante. Tanto o más que el de los puntos.
Viernes 26 de abril de 2013 | Publicado en edición impresa

No comments:

Post a Comment